miércoles, 13 de abril de 2016

Buscá a alguien que le dé silencio a tu ruido ensordecedor. Que le ponga música a tus vacíos y luz a tus miedos.

sábado, 2 de abril de 2016

¿Cuántas excusas necesitás para tocarme?

martes, 28 de mayo de 2013

Adiós, Roto! Yo no soy una Descosida después de todo


Querido Roto,

Desisto de tu arribo.

Pensarte por tanto tiempo ha sido fantástico porque en mi mente nos hemos divertido y hemos crecido mucho. La realidad son espejitos de colores y me devuelven un reflejo que no me convence. Entendeme: le vengo pidiendo a San Google un traductor de metafórico a literal hace rato y aún no lo desarrollan. Y quedo fuera de juego incluso antes de empezar a jugar, ¡estas reglas no las quiero entender! No quiero entender estos manejos emocionales grotescos en cualquier relación humana, la necesidad de crear problemas porque hay aburrimiento, las negociaciones para ver quién se lleva la mejor tajada.

Yo le estoy pifiando, Roto. Yo no soy de tu palo. Yo quiero cuándos, cómos, y dóndes. Y te encantan los peros, los tal vez y los no sé.

Chau, Roto! Gracias por todo!

Marianela.

viernes, 1 de marzo de 2013


Querido Roto,

Necesito que me pases tu correo electrónico porque quiero desviarte el reporte del servicio meteorológico donde afirman que hoy se viene tremenda tormenta. Telepatía, conexión en sueños, no sé, apelo a tu capacidad de improvisación, manejalo. A ver si te convenzo, vos que andás haciéndote el galán por ahí, vaya una a saber dónde!

Te sigo poniendo la placa roja:

ESTAMOS A VEINTE DÍAS DEL OTOÑO.

Eso significa que está al venir la nueva temporada de pantuflas, futón, frazada y pochoclos. Vení así como sos que para cambiarte está el resto del mundo!

Libremente tuya,

Descosida.

Más amor para Roto


Man in photo: "Oh, you know her."
Nino: "Since when?"
Man in photo: "Since always. In your dreams."

Roto es como Nino. Yo estoy siempre en sus sueños y sabe quién soy, pero se le olvida. Ay, este Roto...!


21 de Febrero 2013

Querido Roto,

Esta es mi placa roja a lo Crónica:

FALTA UN MES PARA EL OTOÑO.

Yo no veo que estés más cerca que antes. El día de hoy fue un adelanto de todas las lluvias con pelis y pochoclos bajo una frazada que podremos compartir en el futón si le metés pata.

Libremente tuya,
Descosida.


sábado, 23 de febrero de 2013

Tempos


Hay estaciones en las que me gustaría volver a las tardes en las que caminábamos buscando conejos en los árboles. Contemplábamos el río con ojos cerrados y compartíamos silencios. Nos abrimos hacia el mundo a través de las manos. Y comimos masitas naturistas de la lata que cargabas en la mochila. Porque vos sos del interior; no les decís galletitas.

Hay segundos fugaces en los que añoro que me encuentres distraída y volver a oír la frase: “porque yo estoy dividido entre lo terrenal y lo espiritual, ¿entendés?” mientras me mirás con naturalidad de lleno a los ojos. Recuerdo un *click* cerebral previo a un colapso de toda esa pared que yo ponía para separarme de los otros. El ladrillo que empujaste suavemente sin saberlo hizo volar todo por el aire. Responderte que te entendía; estábamos sintiendo sincronizadamente.

Hay noches de insomnio en posición fetal en las que fantaseo que, entredormido, estirás el brazo para encontrarme. Que cuando me descubrís tan pequeña en un rincón de nuestro mundo me envolvés en un abrazo. Y tu mano me tapa el agujero en el ombligo por el que se me estaba escapando la luz. Entonces, respiro.

Hay eternidades: nuestra boca, nuestro sexo, el pulsar de la sangre en tu mano sobre mi vientre.

Son donde quiero permanecer.

domingo, 17 de febrero de 2013

A Roto, en el día de los enamorados

Querido Roto,

Feliz día un pomo. Hace un año que te escribo y te hacés el otario. ¿Así es como pretendés recibir mi amor cuando llegues? Mirá que las flores se marchitan y los bombones se comen; las palabras se las lleva el viento o te las roba un Desarmado atorrante y me lleva consigo si con sus actos las acompaña. 

Yo te regalaría mi amor realista, porque es mi mejor forma de amarte. Porque sólo somos verdaderamente libres y amados si nos vemos francos... y enteros.

¡Tantas lluvias y pochoclos (o lluvias de pochoclos) que nos estamos perdiendo...!

Libremente tuya,
Descocida.

sábado, 16 de febrero de 2013

Querido Insomnio:

Me encanta que me visites cuando te ponés a trabajar con mi creatividad. Hacen cosas tan lindas que me emociona verlos desafiarse mutuamente. Ahora, esto de que le des celos porque se te ocurre coquetear con lo-que-no-tiene-nombre cuando sabés muy bien que creatividad se muere de amor por él me perturba. Dado que sos mi huésped, te voy a pedir encarecidamente que no agites ese avispero, te dejés de hacer el cocorito porque no da y hagas las pases con ella, así la energía se encauza hacia algo con propósito y significado. Copate, no te hagas rogar y colaborá con la causa.

Te mando almohadas de plumas, para que relajes.

Descosida.

jueves, 14 de febrero de 2013

De mis cartas a Roto y su falta de respuesta

8 de Febrero, 2012:
Querido Roto,
No me interesa tanto pasar los días de San Valentín juntos porque bien sabés que lo cursi me aburre. Pero no te permito que nos volvamos a perder de hacer cucharita en una noche I-DE-AL (sí, con mayúscula y silabeado; yo sé que así entendés el énfasis) como la de lluvia torrencial que escucho desde la ventana en este preciso momento.
Libremente tuya,
Descocida

25 de Febrero, 2012:
Querido Roto,
¡Dónde estás! ¿Acaso olvidaste el pedido que te hice respecto de las tormentas? El olor a lluvia que entra por la ventana de mi habitación es embriagante. Se dibujan círculos minúsculos sobre el lienzo de mi pared. Vos todavía andás por ahí perdido y yo pensando en todo lo que nos estamos perdiendo. Te espero con una caja de Pandora.
Libremente tuya,
Descocida

25 de Junio, 2012
Maldita sea, Roto! ¿Dónde estás cuando una Descosida te necesita...? Hoy me hubiese acurrucado en tu regazo para que me acaricies el pelo. Así esto no va a funcionar

 

miércoles, 30 de enero de 2013

Yo quiero que seas la sonrisa de la que no tengo retorno.

Agarrarte del cuello de la remera o las solapas de la camisa, la campera y besarte mientras silabeo sobre tus labios que ¡meen.can.tás! para que estalles de la risa.

Enroscarme en esta cinta de Moebius en la que te sonreís, te beso, te hablo, te reís, te beso, te hablo, te reís... ad infinitum

Sorprendeme. De yapa te llevás mis ojos que, dice el reflejo, tienen alas. Y luces.

Como las luciérnagas.

jueves, 24 de enero de 2013


Estamos llegando a la esquina; vos estás en la mejor parte de la historia. Me divierte lo que me estás contando, la forma en la que lo hacés. Te sonrío de costado, sin mostrarte los dientes porque todas las palabras se me van a salir volando como mariposas si amago con despegar los labios.

Pero te agarro desprevenido porque no puedo con mi genio. Suelto un juego de palabras y me tapo la boca mientras me contengo la risa. Mis pies se rehúsan a seguir caminando. Tus manos se paralizan en el aire, como si estuviésemos jugando a las estatuas. Tus ojos hacen movimientos rápidos de izquierda a derecha, los brazos se te caen a los costados y automáticamente reís. A carcajadas. Nos doblamos de risa mientras nos agarramos la panza con las manos en plena esquina céntrica. Hora pico.

El semáforo cambia para darnos el paso. Como si contásemos con años de práctica, percibo que tu mano se desliza firme en la mía para entrelazarme los dedos y acto reflejo, podría jurar que siento tu abrazo, tus manos envolviéndome la cintura, tu barba de dos días en el cuello haciéndome cosquillas.

Entonces lo entiendo todo: tu lenguaje silencioso que me cuenta, atorrante, que ya lo sabías, que me ves desde que nos conocimos. Y toda nuestra intimidad se ve reducida a estos centímetros de piel.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

viernes, 21 de septiembre de 2012

Erotic me

- Andá a tocarle el timbre.
- ¿A quién?
- A la imaginación, ¿a quién más? 
- Qué problema.
- ¿Por qué?
- Porque me va a atender.

Suena un timbre en algún lugar del universo y él, sorprendido por la hora, baraja opciones. En algún sitio recóndito de su mente especula con la posibilidad de que sea ella. Es tarde, afuera llueve torrencialmente y en ocasiones piensa que todo puede ser posible. Se observa: lleva pantalones de jean y el torso descubierto, el pelo desordenado... ¿qué más da? Es un Sábado de calor sofocante y son las cuatro de la madrugada. Lo incierto lo llama.

Dobla cuidadosamente la esquina superior de la hoja en el libro que leía. Se levanta del sillón, dejando la cerveza helada en el piso y se encamina a la puerta. Nota su agitación: está conteniendo la respiración hace dos minutos. Apoya su mano derecha sobre el marco de la puerta y la izquierda se posa, vacilante, sobre el picaporte. Exhala. Inhala, insufla su metro noventa y cinco de coraje y abre la puerta lentamente.

Ahí estaba ella.

Acodada sobre el marco de la puerta, el pelo larguísimo cayendo con leves ondulaciones, chorreando agua. Un pantalón cuadriculado en blanco y negro como segunda piel, una camisa blanca y abierta apenas para levantar sospechas sobre lo que debajo se esconde y zapatillas teen. Una ceja levantada y una mirada risueña.

- Hola, extraño -, sonríe ella.
- Hola - , murmura él por lo bajo. - Pasá. Llueve y estás mojada. ¿Tomás algo?

Ella le deja un beso húmedo de lluvia en la comisura del labio, un aleteo suave, y entra. Él cierra la puerta detrás de ella, incredúlo aún de tenerla parada en el centro de su universo privado. La contempla. Ella inclina su cabeza y se sacude el pelo. Cuando la levanta, el pelo enrulado cae por todos lados en mayúsculo desorden. Recorre con la miradael lugar y la sigue, con pasos cortos, buscando música y pone el disco favorito de él.

- Te acepto un té con azúcar.
- ¿Cómo llegaste hasta acá?

Él baja sus defensas al escuchar la primera canción del vinilo que suena y se escabulle a la cocina en un intento por disimularlo. Ella escucha ruido a la distancia: puertas que se abren, bisagras que rechinan. Resoplidos. Él se asoma por la puerta.

- Té no tengo -, dice con vergüenza.

Ella sólo sonríe. Él va hasta la habitación y le acerca una toalla para que se seque. Se la tiende, tímido.

- Ponete cómoda.

Ella lo mira con un aire que él no puede definir si es picardía o genuina sorpresa.

- Vos me llamaste... ¿no te acordas que me dijiste cómo llegar? -, le explica mientras agarra la toalla y se seca las manos, la pasa suavemente por su panza y después la hace recorrer la parte posterior de sus orejas y su cuello. La tiende sobre el sillón con un cuidado que a él lo conmueve. Le pide permiso y se saca las zapatillas, descubriendo unas uñas rojo sangre impecables. Cae en la cuenta de la hora, el día y el lugar.

- ¿Interrumpí algo? -, le dice, buscando en su cara algún atisbo de enojo.
- No. Sólo leía porque no puedo dormir. Ya sabés, el insomnio de verano -, contesta con la voz quebrada. - Pero ahora que lo pienso, tenés razón. Te llamé, aunque no creí que vinieras. Con vos nunca se sabe. - 

Se acerca a ella y le pasa suavemente la mano por el pelo hasta dejar un mechón detrás de la oreja. Con la otra mano la acerca hacia él, casi con desesperación contenida y le susurra.

- Te deseo.
Ella se muerde apenas el labio inferior, despacio. El suspiro fue un cálido hálito que la invadió por completo, una exhalación ajena que ahora es su inspiración. Apoya sus palmas algo frías sobre el pecho de él, que se estremece y le dibuja espirales descendentes hasta llegar al límite de su pantalón. Suena una música suave. Lo acerca un poco más, despacio. Le rodea el cuello con los brazos y lo invita a bailar. Apoya su nariz en la de él y lo mira al centro mismo de sus ojos. Murmura a dos centímetros de su boca, pronunciando cada sílaba.

- Yo también te deseo.

Suena el saxo de fondo. No hay instrumento para ambos más sensual. Él la toma por la cintura y ya no la deja separarse de su cuerpo. La besa castamente primero, hambriento después. Él sube sus manos hasta el cuello de ella y la acaricia. Desprende los botones de la camisa y se la quita lentamente. Ahora están iguales. Ambos sienten el calor de sus cuerpos rozándose. Desprende el sostén que se desliza al suelo cuando ella deja caer sus brazos a ambos lados. Ella lo empuja lentamente hacia el sillón y caen, uno encima del otro. Ella siente que se atropella con su propio deseo. Ansiosa, le toma la cara con ambas manos y lo devora, recorre con su lengua sus labios, sus dientes, el paladar de principio a fin. Baja su mano derecha por el pecho de él, las uñas deslizándose con una leve presión, mientras la mano izquierda se pierde en su pelo. Está arrodillada sobre él, le recorre ahora el cuello con la lengua, muerde sus orejas y vuelve por el mentón, muerde y lame sus hombros tan suaves y marcados. La mano izquierda de ella empuja suavemente la cabeza de él hacia un costado y recorre toda la línea del cuello con lamidas, besos y mordidas. Su mano derecha se deslizó delincuente hacia su pierna, apretándose contra la piel.

Él se deja hacer, completamente rendido. Acaricia con sus manos la espalda desnuda de ella. Abre los ojos, la mira fijo y desliza su boca por el cuello de ella. Se sienten suspiros que emanan dulces por la boca de ella. Él ataca su talón de Aquiles: con la boca recorre su cuello. Ella se le deshace en los brazos. Baja hasta sentir el calor de sus pechos y permanece, indeciso, en el plexo solar de ella, aspirando el perfume penetrante a sándalo, madera y lluvia. La respira una, dos, tres veces y con sus manos recorre la espina dorsal hasta llegar a sus caderas. Con movimientos suaves baja por sus piernas y las aprieta contra las suyas. Vuelve a subir hasta la cintura de ella y sus manos se pierden dentro de su pantalón. Y es una guerra con la tela, los botones y la piel. Las manos de ella se juntan sobre el pecho de él, se despega sólo un poco, pensando en lo próximo que vendrá. Bajan sus manos hasta el botón del jean y lo desprenden. Ella se incorpora; de un decidido tirón lo despoja de sus pantalones y de la timidez que quizás le quedaba. Sonríe de lado y le levanta una ceja. Se aleja dos pasos y le da la espalda. Al compás de otro saxofón, se deshace de sus propios pantalones, contonéandose sensual mientras bajan las piernas de tela de a cinco centímetros por vez: derecha, izquierda, derecha, izquierda. Y de tanto en tanto, le dirige una mirada que es toda lengua y dientes. Él se regocija en el sillón, sus brazos descansan a su lado y no hace ningún esfuerzo para disimular la erección contundente de sus boxers negros. Los pantalones llegan al piso, ella levanta un pie por vez, y los patea, arrugados, a un costado. Se vuelve con paso felino y se encarama decidida sobre él mientras le agarra con una mano los brazos detrás de la espalda; lo siente entre sus piernas incontenible. Dibuja círculos con su cadera sobre su hombría, siempre siempre con esa sonrisa de lado y mirándolo fijo a los ojos, desafiante.

El movimiento de ella hace que él se excite, suspire. Siente el calor húmedo de la entrepierna de ella en su miembro. Expectante, aguarda el preciso momento de penetrarla. No todavía. Se desplaza con un rápido movimiento por debajo de ella, y ella queda arrodillada sobre el sillón, sometida a él, mirando hacia la pared con las manos apoyadas en el respaldo. Él baja más aún, con las manos toma sus nalgas y hunde su boca en su sexo. Siente su humedad. Su lengua roza los labios y las aprieta. La conjugación de sentidos no podría ser más perfecta. Afuera la lluvia incesante exalta las aguas internas de ella. La música la transporta y su piel es la mayor superficie de goce. Kilómetros de placer la envuelven. Lo siente recorriéndola, tan seguro, y estruja el sillón entre sus manos. Lo quiere todo: sentirlo dentro, morderlo, besarlo, lamerlo, recorrerlo. Él sube por su pubis. Ella levanta una pierna. Con una fuerza animal, lo agarra de la mano, lo incorpora tironéandole el pelo, mordiendo el hueco de la clavícula. Lo empuja, lo atrae hacia sí, lo empuja de nuevo y lo tira sobre la cama. Él se sorprende que ella pueda empujarlo de esa forma con tan poca estatura. Luego piensa en sus caderas anchas, en la espalda que sostiene sus pechos erectos, sus pezones como confites. Todas las fichas caen en su lugar. Ella se desliza vibrante sobre su pecho hacia abajo, su boca buscando su miembro para lamerlo en círculos y envolverlo suavemente con sus labios.

Él la siente mojada, cálida, serpenteante en su miembro y se deshace de placer. La lluvia golpea el techo cada vez más fuerte y la excitación llega al límite. La agarra por los brazos y la reincorpora sobre él. Necesita entrar en ella. Su miembro, muy duro, penetra lentamente, se sumerge en el más profundo placer cuando ella lo recibe con un suspiro hondo. Cabalga sobre él despacio para remarcar cada sensación. Apoya las manos una a cada lado del cuello de él, sin cejar en el ritmo y se muerde los labios mientras lo mira. Se incorpora, apresura el paso poco a poco. La cadencia y la fuerza van in crescendo.

Él la agarra por la cintura, la apreta contra su cuerpo y gira sobre ella, dejándola boca arriba con las piernas sobre los hombros de él. La penetración se hace más profunda y los gemidos invanden el cuarto. Ella arruga con sus manos las sábanas y cierra los ojos. La conexión con el goce es inefable y está perdida en algún lugar. Su cuerpo es todo sensación que late. Cierra los ojos para concentrarse sólo en lo que está pasando entre dos cuerpos anónimos. Él la embiste con brutalidad animal, le dice vulgaridades, las piernas a ella se le estremecen, le tiemblan sin control y no lo escucha. Él acaba en un último embate profundo mientras ella arquea su cabeza hacia atrás, todo su cuerpo pegado al cuerpo de él y exhala como si fuera su último suspiro: desde lo más profundo de las entrañas.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Yo no quiero que me beses los pies


Yo no quiero que me beses los pies.

Quiero que me beses en los labios y que los desgarres con pasión si fuese necesario. Que las lenguas peleen y que además se busquen en una danza que va y viene de tu boca a la mía. Que me muerdas el hueco de la clavícula si podés y que me atraigas hacia vos porque no, te es imposible tener mis células lejos de las tuyas por más de lo que dura un suspiro si estamos en la misma habitación. Y si vas a lamerme, que sea como a un helado o un pote de dulce de leche pequeño, con la lengua ancha y golosa buscando incluso ahí donde no llegás. Y me dibujes círculos por dentro y por fuera. Que te desesperes por desgarrarme la remera y así y todo te tomés dos minutos en descubrir el campo de trigo que se va erizando a medida que sube la tela. Que se te llene la garganta de palabras y quieras gritarlas todas juntas. Que no entiendas por qué, que sepas el cómo y que tengas la seguridad del cuándo. Que dejes los zapatos al lado de la puerta y que cuelgues para que respire en mi perchero tu cerebro para que charle con el mío. Que quieras todo el cuerpo que te espera y por eso, no sepas por dónde empezar. Que quieras abarcarme toda y no puedas. Y quieras aún así intentarlo.

sábado, 10 de marzo de 2012


Ella tiene algo que la hace diferente. No sé si es el timbre de su voz, su amplia y cálida sonrisa, los ojos atentos y pícaros que te observan en tu conjunto cuando hablás...



Ella invita a la confidencia.


Y siempre algo excéntrico... sucede.

¡¡Ella es una colección de historias fantásticas para narrar!!

martes, 28 de junio de 2011

¡Tanto aire en mí...! Siempre me eleva, me guarda en una burbuja. Todo es tan transparente y liviano. Mis delgadas, largas falanges juegan con lo abstracto que exhalo, inasequible. Algunos pintan con las extremidades que los comunican con el mundo. Y yo, yo susurro simbolismos que deseo refresquen el aire mustio y rancio.

Al apoyar mis pies sobre un suelo cualquiera, me urge ponerme en movimiento. Generar viento, remover el vacío, llenar el espacio de significados múltiples con los que pueda jugar al Scrabble para armar todos los mundos posibles. ¡Yo quiero quedarme con el que tenga más puntos! Yo quiero un tablero lleno de significaciones aunque sólo sea el que más puntúa en mis ojos.

Porque genero torbellinos de aire a sabiendas de que el agua viene a por mí. Soplar débilmente dispersa las gotas mas no mantiene la inundación a raya. Me invaden los sueños en los que corro sobre una playa, y trepo escaleras, siempre hacia arriba, hacia el aire. Finalmente, erguida incólumne, respirando acompasadamente (¿cómo es eso siquiera posible luego de correr desaforadamente?) en lo alto de un acantilado observo la inundación y un nombre se borra de la arena con el golpe de la ola sobre las piedras. ¿Podemos ponernos de acuerdo y vos me explicás que tiene de malo la espuma del agua, si a fin de cuentas son burbujas? A vos te hablo, a la chica del Scrabble. Las corrientes de aire que se mueven en direcciones opuestas despeinan. No existe el peine que tenga los dientes bien separados para reacomodar el enjambre sin sufrir los tirones en el proceso.

¿Ves esta vasta tierra de nadie? Se transformó en un campo de batalla. Yo hago que diluvie, vos me escupís fichas de plástico... Yo entiendo que las plumas te pesen en el agua, ¿pero cómo explicás los cisnes...?

lunes, 27 de junio de 2011

Definitivamente no estoy encantada con la superficialidad de las nuevas relaciones humanas.


¿Pero tienen que ser necesariamente de plástico...? ¿No podemos conservar al menos la simpleza y la utilidad de lo real?

lunes, 24 de enero de 2011

Una parte de mí es la música que escuchás, los libros que leés, las series que mirás, las frases que repetís, los gestos que te copié sin darme cuenta, los ejemplos que tomé de vos. Hoy llueve en mí, ¡te voy a extrañar tanto...!



Hoy la luna me tapa el sol.

jueves, 6 de enero de 2011

Hoy... hoy me hubiese hecho pequeña en tu regazo como hace un siglo atrás para que me cuides y pueda llorar a gusto. ¡Estallé en el intento de ser...! Quiero contraer mi universo, pero los límites se me escapan de las manos. (¿Dónde está mi botiquín de primeros auxilios en esta nueva Nebulosa?)
Hoy te extrañé... tanto! Necesité lo que era mi hogar casi desesperadamente. Hoy me dolés... en el cuerpo. Aún soy la muñeca de papel rota. Me quedo hecha bollito porque no puedo plancharme con el dorso de la mano. Nadie quiere quedarse con papel roto. Los parches con cinta adhesiva se ven. Aunque no sabés qué bien que aprendí a ser la princesa de plástico que te viene en la cajita feliz. Las princesas de plástico no se rompen y tienen siempre la sonrisa en la cara. La princesa de plástico es para un rato porque después todos quieren el chiche nuevo. Este material no se daña, lo que lo hace descartable.

Casi.

Habiendo tantas formas para ser, yo elijo esta porque siempre me cuadra. ¡¿Quién me manda a buscar la santidad o la perfección en este plano..?! Hoy hubiese sido incoherente, contradictoria, egoísta. Te hubiese obsequiado todo esto que soy sin dudarlo a cambio de poder sentarme en tus rodillas, recostar mi cuerpo sobre el tuyo, mi nariz en el hueco de tu clavícula y abrazarte por la cintura. Respirarte...

¿Y a quién engaño, si ambos sabemos que mañana me olvido, me arrepiento o cambio de parecer porque soy torpe con los sentimientos, porque no los entiendo, no los manejo y a esta muñeca le desagrada perder el control de sus aristas de papel? ¿Cómo le explicás a lo que sentís que se te durmió un papel frágil y emparchado entre las manos si lo que sostenés es de un plástico fabricado en moldes y de a miles? No te lo va a creer.

No quiero soñarte, ¿qué hacés en mi cabeza? El manual de instrucciones en la subsección de olvidos que siempre me explica quedó obsoleto hace veinte minutos porque vos no te vas. Estoy corriendo, por favor ¡no me alcances! ¡No me sigas! Hoy no puedo ni deletrear mi nombre.

¿Explicarte? No, no puedo explicarte. ¿Cómo mierda hago para comunicarte que hoy te busqué, que empecé a escribirte llorando, los caracteres agrandados tantas veces por el prisma de mis lágrimas, desgarrada y cierro acá, mejillas secas, sin estar segura y sin querer averiguarlo si TE/NOS/ME extraño, pasando todo esto al plano literario porque entonces sí, el dolor cobra sentido? Quizás hoy me abollaron más que otros días y no puedo plancharme con el dorso de la mano.

Hoy me duermo en mi regazo.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Te regalo porque así tiene que ser

Hogar no tiene que ver con un lugar físico (sí, exacto, home is where your heart is. Trillado, but true). Cuando era chica, chica como cuando usaba dos colitas y flequillo stone, quería irme siempre. A cualquier lado. Llegaba a-cualquier-lado, y seguía con ganas de irme a-otro-cualquier-lado. Lo que tenía que venir siempre prometía más que donde estaba en ese momento. Amaba la vertiginosidad de los cambios. Me sentía inquieta; sentía que no encajaba en ningún lugar ni con nadie. Me desesperaba ver que el resto encajaba (o esa sensación me daba a mí) y me daba cuenta que mis papás sabían que yo no encaja y no tenían forma de ayudarme. No tenía forma de irme literalmente. Entonces me iba con la imaginación. Aliados infinitos: los libros. De ahí que tanto amo la literatura y el teatro: miles de lugares donde estar, y miles de personas para ser. Como hacerse un tatuaje que no parás de mirar hasta ese día en que se volvió parte de vos y esa parte tuya es inimaginable sin tinta. Obvio que es parte del proceso de crecer, encontrar nuevas identidades, nuevas formas de ser y estar en el mundo. A mi modo limitado y poco extremista y suficiente para mí, probé todo lo que me parecía podía aportarme y podía ir con mis valores. De a poco encontré la definición de hogar para mí: es en principio uno mismo. Parte del estar inquieta era la necesidad incluso de salirme del cuerpo y no habitar ningún otro. Ser parte de algo mucho más grande, ser anónima. Y era extraño porque igual quería mi espacio de dos por dos en el universo. Esta es Marianela (esta misma, no la de allá): acá empieza y termina; y continúa y se extiende y trasciende. Fluir, devenir, crearme, reinventarme. Como movimientos de contracción y expansión de universos. Mi hogar es el que creé para mí. Mi hogar se compone de los puntos en los que soy plena porque soy libre en el más amplio sentido de la palabra: libre de pensamiento, de sentimiento, de ser. Me siento a gusto con quien soy, después de todo este tiempo. No siento deseos de salir corriendo a ningún lado ni me siento estancada si no me muevo. El principio es disfrutar ser como elegí, auténtica, y esa es mi casa, es terreno conocido, a donde siempre vuelvo aunque a veces reniegue porque no me consigue lo que quiero. La otra parte de mi hogar la hace la gente que amo. Con todo mi ser. Son los pocos que guardan todo lo que soy y lo que fui; por eso no necesito explicarles los por qué de ser libre. Y no los necesito. En lo absoluto. Me alcanza con que estén ahí y guarden una parte de mí. Esta es la Marianela delimitada por un cuerpo y ellos tienen la Marianela que se reinventa y trasciende. Y siempre me hacen sentir como en mi hogar cuando me reciben en sus respectivas casas. Pero principalmente, me hacen sentir que llegué a un hogar cuando me abrazan. Yo puedo salir a salvar el mundo todas las veces que quiera, puedo destruirme en el intento si quiero, porque vuelvo a un abrazo que me salva a mí en un suspiro inmenso. Todo lo que voy aprendiendo me gusta compartirlo y disfruto cuando lo comparten conmigo también; ser parte del crecimiento de los demás me emociona porque le da sentido a todo. No me siento apegada a los demás. Los disfruto cuando queremos (ellos y yo, claro). Por eso me gusta abrir mis cuatro paredes y recibir gente siempre, literal y metafóricamente hablando.